Enfrentando el Acoso

Esto pasó un día que volvía de la facultad en colectivo. Cuando bajé en mi parada, vi venir de frente dos hombres de unos treinta años, charlando muy animados. Me miraron, los miré, seguimos caminando. Cuando los tuve de frente comenzaron a gemir, balbucear cosas, y uno de ellos me largó un meloso y repugnante: Hola bebé! Todavía siento placer cuando recuerdo el bien merecido ¡callate pajero! que le grité.

Se que en muchas situaciones no lo voy a poder hacer: ni de noche, ni en una calle solitaria, porque yo no tengo el poder que les da su privilegio. Pero al menos voy sentir el gusto de dejarle el machista interior sangrando a más de uno.

Por Geli