Otro taxista grosero

Tarde de calor en Buenos Aires. Debía ir a mi consulta psicológica y llegaba tarde, por lo que decidí tomar un taxi, por pocas cuadras.
Dado el calor, me había puesto shorts amplios y una remera y ya desde que me subí el taxista miró con total descaro mis piernas.
Durante el corto viaje hizo los comentarios típicos sobre el calor en Buenos Aires e intentó indagar sobre mi vida, pero mis respuestas lo disuadieron de seguir intentando más. Sin embargo, cuando llegó el turno de pagar y bajar del taxi, el tipo sin el menor rastro de vergüenza, me dice:
“Podés bajar despacito, así te veo bien?”
Yo me quedé helada. La indignación y el asco que me dio solo me hieron mirarlo con odio y bajar lo más rapido que pude y cerrar la puerta del taxi con violencia. Ojalá la haya tenido que mandar a arreglar.
Por suerte después de eso venía mi terapia y pude descargar mi enojo allí. Sin embargo, aún me enerva el recuerdo y no haber podido mandarlo a paseo en ese mismo momento.

Por Silvia