Campañas para un mundo mejor.

Ni linda, ni fea, ni nada.

Nací en Buenos Aires, donde crecí. La primera vez que sufrí acoso no tenía más de 6 años, fue en un colectivo en donde un tipo me agarró el culo. Yo estaba de la mano de mi madre y solo me sorprendí de la violencia del manotón, porque difícilmente a esa edad podía tener alguna percepción diferente de aquello. La primera vez que vi un hombre masturbándose en un lugar público tendría 7 u 8 años, estaba con mi familia en el tren, mis padres estaban sentados mirando hacia mí, mientras frente a mi un individuo jugaba a mover algo que me pareció un “dedo grande”. A partir de los 11 años empecé a recibir todo tipo de acosos verbales en la calle, mientras jugaba a la soga con mis amigas. Es muy difícil explicar lo que uno siente en esas situaciones porque, si bien uno percibe que algo está mal, no tiene ni la más remota idea de que es lo que está pasando. Yo en ese momento no era capaz de entender lo que esas personas me estaban diciendo. “Leche”, “paja” “coger” no me resultaban palabras conocidas. Lamentablemente uno se va acostumbrando.
Luego me enfrenté a otras realidades en el colegio, de tipo “No, nena, eso no te lo podés poner” “Pero si Juan también tiene musculosa” “Si, pero vos sos nena”. Entonces te empiezan a dejar claro que el problema “es tuyo” que tu cuerpo está mal, que “te lo buscás”.
Exhibicionistas y gente masturbándose en las calles de Buenos Aires debo haber visto al menos una treintena. Los acosos verbales los cuento por miles, como cualquier mujer que viva en la ciudad.
Mi primer novio me decía “Mi hermana nunca vio tipos pajeándose en la calle” Y yo, idiota, trataba de convencerlo de que yo simplemente pasaba por ahí, de la misma manera que podría haber pasado su hermana, su madre o su tía. Creo que a las mujeres en Buenos Aires no nos sorprende que un ancianito que podría ser nuestro padre, o nuestro abuelo nos invite a “tomar algo” como si la respuesta fuese a ser, una entre cien millones, “vamos!”. Recuerdo como anécdotas tristemente cómicas algunos de estos abuelitos e incluso un colectivero que me susurró “Vamos a tomar un café?” Fue hace tiempo, yo tendría unos 15 años, en esa época los boletos los comprábamos al conductor. Cuando le pedí el correspondiente boleto me susurró, pero yo no lo entendí y le pregunté “cómo?”, me repitió “vamos a tomar un café?” Me fui a sentar. A la siguiente mujer que subió le susurró lo mismo. Lo recuerdo con gracia (penosa gracia, claro) y me pregunto si entre los miles de cafés que invito aquel señor alguna mujer le contestó “Si, estacioná el colectivo y vamos al bar de enfrente”
A los 21 años me fui del país y descubrí que si bien el machismo es un problema global, el acoso sexual callejero no es tan intenso en otros países. Me mudé a una sociedad muy lejos de ser ideal, pero donde el acoso de esa índole no es moneda corriente, o al menos no de la manera en la que yo lo experimenté en Buenos Aires. Escasamente vuelvo a Argentina, pero cuando lo hago veo más de la misma historia. En mi última visita, mientras caminaba por la calle con mi madre, uno de estos individuos me abordó al paso. Le contesté que se metiera en sus asuntos y se puso violento. Me dijo que me estaba buscando “que me pegaran un tiro en la cabeza” e intentó pegarme. Eran las tres de la tarde y la calle estaba llena de gente preguntando que pasaba, porque yo, pese a sus amenazas, no di ni un paso atrás. Un señor me decía “Pero, nena (tengo 30 años) el chico nada más te dijo un piropo” Yo pedía que llamen a la policía. Nadie la llamó y yo volví a casa de mi madre con bronca e impotencia. Busqué desesperadamente un lugar a donde llamar y compartir lo que me pasaba, contacté con el INADI en donde con la mejor de las voluntades me informaron de lo difícil que es hacer algo en esos casos. Apoyo plenamente la tarea del INADI, sus logros y sus campañas pero entiendo que la magnitud de lo que pasa allí es inabarcable.
Recuerdo a Buenos Aires como un lugar en el que no se puede caminar por la calle. Para ellos una puede ser linda, fea, gorda, flaca, joven o vieja, pero nunca una persona, sos mujer y eso te convierte en un pedazo de carne con atributos y nada más.
Celebro decir que yo soy una persona libre, que no tengo complejo alguno con mi cuerpo después de todas las malas experiencias que he tenido, me visto con lo que me da la gana y voy a playas nudistas con la más absoluta tranquilidad (impensable en Argentina) Estoy, además, muy contenta con mi condición femenina y salgo a la calle tranquilamente, porque se que como mucho me piden un cigarrillo o me preguntan la hora. Lamentablemente no para todas es así. Yo, como tantas otras personas, no molesto a la gente en la calle, no le dirijo la palabra a los transeúntes y no se me pasa por la cabeza hacerles proposiciones de índole sexual, comentar sus atributos físicos o cosas por el estilo. Ojalá [email protected] actuáramos así.
Pienso a menudo en Buenos Aires y me pregunto que tipo de sociedad es esa en las que los hombres manosean nenas de 6 años, en donde a diario las mujeres son acosadas y maltratadas. No es Buenos Aires el problema por excelencia, eso está claro, esto pasa de punta a punta del país y si bien los tipos de violencia que enfrentamos las mujeres son diversos, estos se extienden a lo largo y a lo ancho del planeta. Hay sitios en donde uno puede salir a la calle sin ser intimidada en absoluto pero la violencia doméstica es muchísimo más alta que la que se registra en Argentina, y así montones de ejemplos más. Pero eso no quita que el acoso sexual callejero sea algo que no podemos permitir. Una sociedad que hace del acoso algo aceptado definitivamente no es una sociedad sana y no es la sociedad que nosotras queremos. Lo primero es entender que nosotras, así nos pasemos desnudas por la calle, no “nos lo estamos buscando” y que desde luego de ninguna manera “nos lo merecemos”. Lo segundo es enfrentarlo.
Saludo la iniciativa con alegría, los comentarios de las compañeras con angustia compartida, pero con la esperanza de que juntas podemos hacer que estas cosas sean cosa del pasado.
Saludos a [email protected]

Por Coco.