Después de ese día no volví a caminar sola por meses

Cuando cursaba el Ciclo Básico Común para estudiar en la universidad, había un día a la semana que volvía de Merlo a Morón tipo 5 de la tarde. El camino desde la estación hasta mi casa, unas 15 cuadras, lo hacía caminando, algo que me gusta mucho, más en primavera (que fue cuando me ocurrió lo que voy a contar).
Uno de esos días iba caminando por una calle con poco tránsito de gente, y al llegar a una esquina me encuentro con un tipo de unos 30 años masturbándose con la bragueta abierta. Al lado tenía una bicicleta tirada en la vereda. Como iba distraída, y aparte era una esquina con una edificación grande que no permitía mucha visual, me lo encontré cuando lo tenía a 4 metros mas o menos. Entonces, desconcertada, atiné a alejarme y acelerar el paso para cruzar la calle, a lo que el tipo se me acerca y trata de manosearme el culo. No lo logró porque yo llevaba una cartera cruzada que me tapaba.

Caminé el resto de las cuadras a mi casa con pánico y después de ese día no volví a caminar sola por meses. No pude contar nada a mi familia porque si lo hacía no me iban a dejar salir sola nunca más… Lamentablemente son las víctimas del acoso callejero las que tienen que vivir encerradas y cuidándose, mientras que a los acosadores se los naturaliza y acepta como algo “normal”
Incluso se les festeja a los varoncitos que piropeen chicas en la calle, o que les levanten la falda a la compañerita del colegio… Así estamos.

Por Geli.