A nadie le gusta que le falten el respeto, que lo agredan, intimiden y nos pongan en una situación de alerta.

Un dia te das cuenta que lo que siempre pensaste y sentiste que estaba mal, estaba realmente mal. Porque a nadie le gusta que le falten el respeto, que lo agredan, intimiden y nos pongan en una situación de alerta.
Vivo en San Juan, una provincia donde al igual que en muchas otras, existe el acoso callejero. Siempre al salir de casa, hay un alguien, que no es siempre el mismo, pero sí de sexo masculino, que se atreve a imponer su presencia ante mi. En el trayecto a comprar comida vegana, atravieso un parque donde recuerdo por lo menos un varón de 60 años, un policía en una moto de pocas cilindaradas, un colectivo con policías de san juan que en diferentes momentos del tiempo, me han dicho algo en forma de acoso, provocando que deba prestar atención a lo que hacen: una nunca sabe si estando en el parque es sólo algo que dicen o van por más.
Este trayecto lo recorro siempre al mediodía para comprar, y suelo toparme con quienes recogen la basura, con obreros, con tipos en autos caros, con jóvenes en cualquier auto: el patrón es siempre el mismo: ellos creen que yo soy una cosa, YO no lo soy.
Algunos varones están acostumbrados a creer que la calle es suya, yo voy a demostrarles que es nuestra. Entre todos/as, con educación, difusión de actividades antisexistas y no callando frente a la opresión, vamos a hacer un mundo más igualitario. Entre todos/as, nosotras no necesitamos que nos protegan eternamente, eso nos sitúa nuevamente en el lugar de sumisas buscando protección en un terreno de varones.

Por Marcela