Me dijo ‘permiso’ y me tocó el pecho izquierdo

‎Esta es mi historia, tal como la conté en mi grupo feminista GrrrlVirus Argentina, en Facebook.

4 de la tarde, colectivo 28.

Estaba parada al lado de la puerta, cuando se me acercó un hombre de unos 55 años, me dijo ‘permiso’ y me tocó el pecho izquierdo con la discreción y naturalidad con la que a cualquiera se le toca un hombro para llamarle la atención.
Mi reacción inmediata fue mirarlo y decirle:
– ‘Me tocaste un pecho!’
– ‘No te toqué nada.’
– ‘Sí, me tocaste un pecho, qué hacés??!’
– (baja la voz y me dice) ‘Si era vivo, te tocaba los dos.’
– (seguí a los gritos) ‘Si eras vivo, las pelotas, porque si me tocabas las dos, el cachetazo que te metía!’
– (bajó del colectivo y me siguió discutiendo, mientras ayudaba a bajar a una mujer con la que viajaba, probablemente la esposa) ‘Callate, histérica!’
– ‘No me callo una mierda, porque el desubicado que me tocó acá sos vos!’
– ‘Dejá de gritar, malatendida!’
– ‘Malatendida, yo?? Mirá quién habla, que tenés la necesidad de andar tocando minas en el colectivo, debería darte vergüenza!’

El colectivo cerró las puertas y arrancó.
No puedo describir la sensación en el pecho con palabras.
No es la primera vez que me pasa, ni el primer lugar en el que me pasa. Fue en un colectivo, en un boliche, en la calle, en el tren, en mi cama, toda clase de lugares, sin importar frente a cuánta gente.
Las últimas veces que me pasó, fui capaz de levantar la cabeza y defenderme verbalmente, si es que sirve de algo, además de darme la sensación de no dejarme pisotear.
Es tan difícil de describir, que me voy a limitar a decir que duele. Y duele mucho.
Cuántos actos más de atropello tengo que soportar? Cuándo va a entender esta sociedad que mi cuerpo es mío? Que no soy una muestra gratis, un pedazo de carne a disposición del que tenga ganas de probarme?

Y para colmo, se dan el gusto de hacerla quedar a una como la que está fuera de lugar, con palabras como ‘gritona’, ‘quilombera’, ‘histérica’, ‘bardera’, ‘trola’, etc. (podría seguir todo el día), mientras la gente de alrededor se te queda mirando en lugar de responder, apoyarte, o, por lo menos, mirarlo fijamente al agresor en cuestión, en lugar de a una.

Una vez más, me siento violada.

Por Laura de www.facebook.com/adrenalineundertow

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