Tres acosos por profesionales en la zona de Microcentro.

Ya me paso tres veces dentro de la misma zona (Microcentro).
La primera vez, como todos los dias a las 18.30, voy a tomarme el subte, para lo que tengo que caminar unas 3 cuadras. Siempre voy con auriculares, pero igualmente escucho. Cuando paso por la entrada al estacionamiento del Banco Galicia, un GUARDIA DE SEGURIDAD, me dice: “Pero que linda que sos”, a lo que le respondo: “Cerra el orto y labura que para eso estas”. El tipo se quedo riendose y desde ese dia me alejo de esa entrada cuando tengo que pasar por ahi.
La segunda vez fue tambien yendo a tomarme el subte, pero esta vez habian tres tipos en una camioneta del Banco Provincia. Uno de ellos cuando pase, se me acerco y me murmuro algo, que sinceramente no entendi, pero no me estaba pidiendo la hora definitivamente, a lo que me doy vuelta y le grito: “Que te pasa pedazo de gil de mierda?”, y tanto el como los otros dos tipos se rieron de mi.
Hoy, estaba entrando A MI EDIFICIO DE OFICINAS, en las calles Reconquista y Corrientes, Y sale un tipo que era de los que trabajan de motoqueros, y ya desde la mitad del pasillo me decia: “pero que linda que sos mamita”, a lo que le respondo: “Sos un maleducado, estoy laburando y me venis a decir eso? no tenes verguenza”, la reaccion de este tipo fue empezar a GRITAR “histerica, sos una histerica”, como para que todo el mundo lo escuche. Y resulta que el guardia de seguridad que tendria que haber estado ahi, aparecio despues. Cuando le comente lo sucedido me dijo: Ah no se, no escuche nada. No solamente me siento desprotegida, sino que por mas que insulte, grite o arme un escandalo, siempre voy a ser la histerica, aunque no haya pedido que me digan absolutamente nada. Como me defiendo de esto? Como hago para no sentirme usada? Sinceramente espero que alguien me ayude. Gracias por el espacio.
Por Constanza
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  1. Hola, Constanza. Al igual que vos y muchas mujeres sufro a diario el acoso callejero de los hombres.
    Esto me violenta, me hace insultar, ir a la defensiva esperando y calculando cuando va a ser el próximo ataque, tener que caminar y además insultar a muchos idiotas que me dicen algo y hasta me empecé a desviar del camino al gimnasio porque hay un acosador en una verdulería que no tengo ganas de enfrentar todos los días.
    Siempre voy pensando posibles reacciones y respuestas para responder y descolocar a los agresores, creo que lo mejor no es el enojo rotundo porque eso es lo que buscan en el fondo, lo hacen porque les gusta someter y humillar a las mujeres, no por atracción sexual ni por querer agradar.
    A los que caminan solos, que generalmente son más cobardes porque no tienen a su grupo de pares para envalentonarlo, muchas veces podés sostenerles la mirada desafiante desde antes que se acerquen, y si se sienten observados, si no te ven con la cabeza agachada o la mirada esquiva, a veces se acobardan. Ojo, a veces.
    Otra manera se me ocurre que sería dejar en evidencia lo “regalados o fáciles que son”, desagradables o simplemente decirles lo mismo que te dicen pero con la intención clara de generarles rechazo. No es una gran solución, es simplemente tomar su insulto sexista y devolvérselo. Tratar de descolocarlos un poquito y humillarlos adelante de su grupo de pares.

  2. Soy Virginia, tengo 28 años, y desde los 13 que siento mucha ansiedad y angustia cada vez que tengo que pasar por una obra, o algún lugar donde sé que me van a acosar. Tambien me faltan el respeto desde los autos que están esperando el semáforo o simplemente por alguien que me ve pasar. Fuí víctima tanto de jóvenes como de hombres de 70 y pico. No me visto provocativa, no soy muy voluptuosa y generalmente voy cargada de libros, papeles, o algún bolso o maletín con los que intento cubrirme disimuladamente para prevenir estas cosas. No reacciono siempre igual, a veces insulto, otras me hago la sorda, y nunca pero nunca lo sentí como un halago, piropo o reconocimiento. Hace un mes me cruzé con un chico de entre 17 y 20 años; 3 metros antes de pasarme por al lado me empezó a faltar el respeto de tal manera que no pude menos que insultarlo, y sentí tanta impotencia que me di vuelta y seguí. Qué hizo esta jóven promesa de la argentina? Me dice “ojo” mientras me mostraba un revólver. Más allá de la amenaza, creo que esta forma de acoso no tiene arreglo, que no va a parar y que tengo aceptar la humillación diariamente. Me da mucha impotencia y ansiedad, y no me acostumbro.

  3. Mi nuevo divertimento es contestarles. Sólo dejo pasar a los que son extremadamente buena onda. A los que dicen “cosas lindas” les digo que no necesito su opinión y acoto algo feo sobre su propio aspecto físico para incomodarlos. A los que dicen guarangadas inentendibles les digo directamente “tu vieja” y también acoto algo feo sobre su propio aspecto físico. Es muy divertido porque no se esperan que el objeto mujer de hecho hable, les resulta espeluznante. Y como tengo voz fuerte suelen sentirse avergonzados. También lo aplico a cuando son más de uno, no me intimidan ya que sé cómo se asustan y se sienten ridiculizados cuando les contestan. Sé que me estoy poniendo un poco a su altura pero es terapéutico y me hace sentir bárbaro comparado con la opción de bancarme la situación sin decir nada. Es como un boomerang. Lo recomiendo. Saludos!

  4. No había leído el post, perdón, con respecto a lo de que contesten “histérica”, hasta ahora no me pasó, pero si cuando contesto me dicen eso, les diría “tu mamá no te quería tener, eso está clarísimo. Pero que tu mamá no te quiera no te da derecho a molestar a todas las mujeres. Que tengas un buen día.”

  5. Ojo, no lo hago sólo porque es divertido. Creo que con el paso de los años, si entre todas desbaratamos los mecanismos que legitimizan el accionar de estos desubicados, va a llegar un punto en que las chicas podrán caminar por la calle en paz. Saludos!

  6. Hay que salir a la calle con una burka, aunque igual te dicen cosas con burka por estar en la calle y no en la casa. Hace 50 años cuando las mujeres empezaban a tener más posibilidades de trabajos fuera del hogar, mi abuela les pegaba carterazos en la cabeza a los desubicados que decían algo. Ella era administrativa y siempre tuvo ese porte sobrio de las bibliotecarias, pero no tenía problema en defenderse. ¿Cómo puede ser que pasaron 50 años y nada haya mejorado? ¿Será que no todas pegaban carterazos en la cabeza? Pareciera que los desubicados nos domesticaron a nosotras como si tuvieramos que acostumbrarnos a lo que hacen. Si todas siguen así de domesticadas en 50 años va a seguir todo igual o peor.

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