Entonces vuelvo y les grito “¿De qué se ríen, giles de mierda?”

Antes que nada, quiero aclarar que, si bien no soy de Buenos Aires (soy de Santa Rosa, La Pampa), igualmente tenía ganas de publicar mi historia; encontré esta página de “casualidad” y no podría estar más de acuerdo con la propuesta: ¿Por qué tenemos que aceptar opiniones supuestamente halagadoras sobre nuestro físico? No nos gusta ni nos interesa.
En fin, mi historia es esta: hace unos días iba hacia la parada de colectivo y paso en frente de una remisería (en caso de que algunx lea esto y sea de acá, estoy hablando de la remisería que está en Quintana 33, frente a Ángeles); estaban 6 o 7 remiseros ahi y cuando paso uno de ellos me dice “Qué par de…”; me doy vuelta, los miro a todos con cara de asco, digo “manga de pajeros” por lo bajo y me voy. Cuando me estoy yendo, los escucho que todos se empiezan a reír; entonces vuelvo y les grito “¿De qué se ríen, giles de mierda?”. Uno de ellos me dice “Estábamos diciendo del pibe de allá en frente”, queriendo zafarla. Pero lo que más me indignó de todo fue el comentario que siguió: “Ahora dale, andate a tu casa a lavar”.
Por un lado, me siento orgullosa de mi por no haberme quedado callada; pero por otro lado siento tanta impotencia, de que haya hombres (si se les puede llamar así) que todavía tengan ese pensamiento tan básico, de que las mujeres solo servimos para hacer las tareas domésticas y para su satisfacción sexual.

Por Rocio
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