“NO TE TENGO MIEDO, SOS UN ENFERMO!”

Salí a las ocho de la noche de casa. Caminé 5 cuadras hasta llegar al parque que queda enfrente de la Estación Villa Domínico, de la Línea General Roca. Siempre que camino sola, voy atenta tratando de tener una vista más o menos panorámica de la cuadra.
Voy atravesando el parque y veo a un chabón en moto dando vueltas con el casco puesto. Sigo un sendero de tierra, de 50 metros que me comunicaba con la calle. ¿Qué pasa? El tipo iba con la motito hacia mi derecha -al final del camino me lo iba a cruzar-. Cuando notó mi presencia, dio una vuelta hasta pasar cerca mío. Pensé: “O me roba o algo me hace o me dice”. Me puse un poco nerviosa pero traté de razonar sobre la situación. Dije, “ya fue, a éste lo puteo”. Me le acerco, no le di tiempo a que diera nuevamente la vuelta para seguirme y a que me dijera algo, le digo: “FLACO, ¿QUÉ CARAJO TE PASA? ¿QUÉ ESTÁS HACIENDO CON LA MOTO ACÁ EN EL PARQUE? ¿TE PENSÁS QUE ES GRACIOSO? ¡ENFERMO! ¿QUÉ PENSÁS QUE SOMOS LAS MUJERES? ¡CLARO! COMO ESTOY SOLA… ¿TE HACÉS EL PILLO, NO? ¡MIRÁ QUE A MÍ NO ME CABE NINGUNA Y SI ME TENGO QUE PLANTAR ME PLANTO, NO TE TENGO MIEDO, SOS UN ENFERMO!”.
No le di tiempo a nada pero a nada. Sin bajarse de la moto y sin sacarse el casco me dijo algo desconcertado: “Me parece que la enferma sos vos” y se fue. Y yo caminé hasta la Estación muy nerviosa, hasta me puse a llorar. Estaba segura de que me haría algo por la manera en que daba vueltas con su moto y me encerraba.

Por Cecilia
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