No podemos desviarnos porque es el “corredor seguro” establecido por la policía de la zona

Tenía 14 años. Estaba volviendo de mis clases de gimnasia en un colectivo de esos largos, que iba llenísimo. En un momento sentí que algo me rozaba la entrepierna, era un hombre que tenía bolsas en la mano y me miraba. Me puse nerviosa y pensé que quizá no se había dado cuenta, pero comprobé que sí cuando profundizaba el contacto, aun si yo cambiaba de posición. Entré en pánico. En silencio, corrí empujando a la gente hasta el fondo del colectivo. El tipo seguía mirándome. Me largué a llorar y llamé a mi mamá a su teléfono, pero no podía explicarle de la vergüenza. No pude hacer nada, tenía mucho miedo.
Ahora tengo 16 y soy acosada constantemente. En la parada del colectivo, en la esquina de mi casa, en cada recorrido rutinario. Pero hay un caso particular que me saca de quicio: un comerciante vecino de mi colegio nos acosa a mis amigas y a mí cada día que pasamos. No podemos desviarnos porque es el “corredor seguro” establecido por la policía de la zona. Más de cinco veces retrocedí para hablarle (bueno, después gritarle), pero mis amigas no quieren que lo haga, les da miedo de su reacción.

Ahora empezaron las vacaciones, por lo que estoy feliz de no tener que verle más esa cara de psicópata que te viola con la mirada.

Por Clara
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