Agresivo Manoseo por Motoquero

Estaba caminando por la vereda en sentido contrario a los autos, pleno mediodía, con un poco de baja presión porque venía de donar sangre. Iba vestida bastante normal, una calza suelta hippie de muchos colores, nada del otro mundo, nada considerado sexy, apelante, nada de nada. La calle de barrio, bastante vacía por el almuerzo, pasaban un par de autos. Pasa una moto y el tipo mirándome como a un pedazo de carne, no le di pelota porque lamentablemente estamos acostumbradas a que esa sea la mirada que una recibe por la calle y seguí caminando. Escucho como la moto se aleja a mis espaldas y de repente el sonido se vuelve a acercar, como si hubiera pegado la vuelta. En mi inocencia pienso “uy, me va a decir algo” (aclaro que a mi me desagrada que me digan hasta un ‘piropo lindo’, para mí ningún hermosa tiene valor desde que le tomé asco a la mirada-carnecruda y la voz de pajero) así que trato de caminar con algo de dignidad a paso rápido lista para no darle pelota porque no tenía energía para contestar. De repente siento que una mano me toca el pantalón metiéndose por la raya del culo desde el ano hasta arriba mientras la moto pasaba por al lado mío. En el momento me quedé en blanco, me escuché gritar un PELOTUDO que se escuchó a tres cuadras y levantar el brazo con la suficiente fuerza para sacarle la mano de MI cuerpo. Para cuando razoné y me dí cuenta de lo que acababa de pasar, la moto ya estaba a 25 metros y yo atiné a perseguirla pero casi me caigo del bajón de presión.
Lo cierto es que yo nunca había comprendido exactamente el porqué de muchas mujeres que fueron violadas después sienten vergüenza hasta de salir a la calle. Pensaba yo que ya tenían suficiente con qué traumarse, ahora ¿vergüenza? No llevan un cartel que dice A MI ME TOCARON CUANDO NO QUERÍA, no tienen porqué tener vergüenza. Bueno, ese día, salvando las distancias, lo entendí. No podía dejar de sentir esa mano incrustada, tenía la sensación de que me había dejado una mancha que todos podían ver y que en la fila del McDonalds todos miraban y se reían por la ridiculez o se alarmaban por el escándalo. Porque aclaremos, no fue una palmadita de nada, de apretujamiento en el subte ‘uy disculpá no tenía donde poner la mano’; metió la mano, apretó e hizo todo el recorrido lo más intensamente que le permitía la carrera en moto.
Ahora por sobretodas las cosas me da asco él. Me da asco que exista gente así. Asco y lástima por ellos, porque tengo esa fantasía en la que habiendo sido un día con todos mis glóbulos rojos al servicio de mi energía yo lo derribaba de la moto y le pegaba una patada en sus propias vergüenzas como revancha, a ver cuánto le gustaba.
En fin, pobre de aquél a quien con intenciones no tan agresivas que algunos se le ocurra decirme hermosa o quélindosojosquetenés porque va a ligar todos los insultos guardados.
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