La realidad del acoso constante

En mis 19 años he vivido distintas formas de acoso callejero (me han gritado de todo, me han mostrado mínimo 2 veces el pene, me han apoyado en el colectivo, me han observado insistente y lascivamente, etc). Pero todas estas situaciones tuvieron algo en común: NUNCA SUPE COMO EXTERIORIZAR MI INCOMODIDAD Y ANGUSTIA EN EL MOMENTO. Nunca pude defenderme. Hoy me pasó una vez más.

Caminaba por calle Santa Fe a las once de la mañana, cuando un hombre desconocido me llama: “Señorita, señorita, tiene hora?”. Le dije que no . “Soy Nicolás, tengo 27 años. Vos? Quiero volver a ser chico, no me quiero morir. Quiero seguir jugando, riéndome, haciendo el amor…” me dijo. Sigo caminando doblando por Italia hacia un local y el me sigue. Me dice que el va para el mismo lado (nunca para de hablar, está aceleradísimo) y yo sospecho que es una excusa para seguirme. La situación me parecía rara pero no quiero ser descortés (?) e ignorarlo, a pesar de que ya me sentía incomoda y de que además ese gesto me dió miedo. Con todo esto en mente llego al local y mientras espero que me abran: el pibe me dice que le pase mi numero para que nos veamos. Le digo que no quiero. Sin oír la respuesta me encaja dos besos mientras me agarra por el costado, tratando de llegar a mi boca. Mientras tanto me dice “hay te dejaste!” Y otras cosas que no entendí. Lo único que atiné a hacer inmediatamente fue apartar la cara timidamente hacia el otro lado, mirando al piso. No sabía que hacer, reaccioné institivamente sumisa. Por suerte la chica del local me preguntó por la situación cuando vió mi cara. Me ofreció agua, me preguntó como estaba. Al principio le respondí con una risa nerviosa, aún negando la situación. Cuando salgo no veo al tipo, pero lo escucho que me llama “Señorita, señorita” como ochenta veces. Camino rápido yendo a clase. Pienso que tal vez me puso burundanga, que tal vez me sigue por otra calle, que me va a esperar a la salida, que siempre que este por la zona voy a tener miedo. En fin.
Soy estudiante universitaria, leo sobre feminismo, estoy al tanto de casos de distintos tipos de violencia machista, estudio los procesos de ritualización y simbolización,etc. Hasta hoy pensé que con eso bastaba. La angustia es terrible, la impotencia y el asco también. Sentir al enemigo inscripto en una misma: poseyendo mi cuerpo y mi mente. Pero la bronca, el miedo y la desconfianza también. Mi lucha será revivirlos a cada segundo. Desconfiar hasta de mi mamá que cuando le conté, y le dije que pensaba que estaba acostumbrada al maltrato lo tomó como un reproche por mi crianza (?) y no me contuvo en ningún momento.
De Lucía

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